Recuerdos de Ceuta ( Años 1.950- 1.960 )
Es una mañana de domingo. Desde hora muy temprana, Maestranza tiene un movimiento inusual a cualquier otro día de la semana. Grupos de jóvenes y no tan jóvenes caminan presurosos y gozosos por sus aceras. Otros llegan en autobús y se apean en la Plazoleta allí existente, justo donde comienza la estrechez de la calle Don Juan Iº de Portugal. Giramos a la derecha y dejando el Parque de Maestranza a la izquierda, iniciamos la subida de la calle Brull. Ésta calle está empedrada como casi todas las calles de nuestra Ciudad. Su comienzo es estrecho y va ensanchándose conforme subimos. A la izquierda quedan oficinas y despachos militares. Una hermosa puerta con el Escudo del Ejército de Tierra en su dintel lo confirma. Inmediatamente nos llega un olor a pan que es una bendición para nuestro olfato. En una pequeña plazoleta o patio a nuestra derecha, se encuentra la Panadería de Intendencia Militar. Numerosos carros tirados por nerviosos mulos esperan ser cargados para llevar el delicioso producto a todas las Guarniciones y Estamentos Militares de nuestra Ciudad. Pan sabroso, exquisito y que los "caballas" denominamos "chusco". Tambien hay numerosos camiones aguardando para el mismo menester. El olor que despiden los hornos y el trasiego constante de tan bendito manjar perfuma toda ésta zona y dependiendo del aire que sople, lo extiende más y más. Envueltos en éste delicioso aroma nos aproximamos a la Iglesia del Valle. Es pequeña pero muy coqueta ésta entrañable iglesia, primera fundada por los portugueses. Su acceso es mediante una rampa y elevados escalones. Seguimos nuestro andar y después de cruzar la polvorienta y pedregosa Cortadura del Valle, que nos conduce si bajamos, a unas escaleras que de nuevo nos lleva a la calle Don Juan Iº y si subimos, su final es la carretera del Recinto Sur. Cruzamos e inmediatamente llegamos a nuestro destino dominguero, el Campo de Futbol del Ocho. Con el transcurrir de los años éste nombre ha sido practicamente olvidado por las nuevas generaciones de jovenes aficionados, pero los que peinamos canas, nunca, nunca se olvidará de nuestras mentes y de nuestros corazones. Han sido muchos los momentos gratamente vividos en tan añorado lugar y que han formado parte de la historia de todos y de cada uno de nosotros. Éste Campo denominado el Ocho, es tambien conocido como Cincuenta y Cuatro. ¿ El por qué de tales nombres?. Pues bien, el nombre proviene del Cuartel de Infanteria situado a la derecha y a todo lo largo del campo de deportes. El cuartel tiene el nombre del héroe ceutí de la Guerra de la Independencia Teniente Don Jacinto Ruiz Mendoza, pero hasta el año 1.943 era guarnición del Batallón Cazadores del Serrallo nº 8. En éste mismo año, pasó a denominarse Regimiento de Infanteria de Ceuta nº 54. De aquí que se conozca con ambos nombres a dicho terreno de juego.
El Campo está rodeado por una reja que sirve más de adorno que de protección y tiene una pequeña tribuna que es al mismo tiempo el acceso al lugar. La otra entrada está detrás de la portería situada al Este, en la dirección de la Cuesta del Hacho. El campo es pués abierto totalmente al público y es el lugar preferido por todos para practicar cualquier deporte a cualquier hora del dia e incluso de la noche, ya que no existe puerta alguna que imposibilite el acceso. Naturalmente el deporte que predomina es el futbol. El terreno de juego es de tierra y está rodeado casi por completo por dos altos escalones de duro cemento que hacen las veces de gradas. Cuando la lluvia es intensa, en el lateral norte del terreno donde no hay gradas, se forma un charco de considerables dimensiones el cual proporciona ratos de jolgorio cada vez que el balón transita por él. Las caidas y el barro hacen un espectáculo casi circense. Sin olvidar cuando el balón con cordones donde se oculta la válvula de inflarlos, pesado por el agua que lo empapa por completo, hace blanco entre el público. En ese lateral Norte, bajando una suave y pequeña cuesta, se encuentra la guarnición de la Compañía de Mar de Ceuta. Es otra de las Instituciones Castrenses más querida de todos los ceutíes. Entre el final del terreno de juego y las instalaciones del la compañia de Mar hay un pequeño foso donde con frecuencia cae el balón y donde si nadie se molesta en saltar, han de ser los propios jugadores los que bajen a recuperar tan imprescindible "objeto" entre risas y bromas de la concurrencia. Se puede decir que el espectáculo es único.
En un pequeño solar existente detrás del terreno de juego y a la altura de la Compañía de Mar, unos años más tarde se construirán unos rústicos y originales vestuarios tanto para los jugadores como para los colegiados. Es obvio que por la propia integridad de sus ocupantes, tal vestuario no alcanzó mayores usos. En una edificación a posteriori y en un popular establecimiento de bebidas llamado Casa Lola, fué sede del vestir y desvestir exclusivo de los señores colegiados.
( continuará )
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